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SOCIÓPOLIS, LA NUEVA CIUDAD EUROPEA
Dietmar Steiner, director del Arkitertur Zentrum de Viena. Cuando hablamos de la ciudad europea del futuro, generalmente nos encontramos frente a dos tendencias rivales que discurren en direcciones opuestas: lo viejo y lo nuevo. Este conflicto domina la sociedad actual y la realidad política de la ciudad europea, más allá de las distintas consideraciones teóricas. En primer lugar, hay un modelo que aún cree en la continuidad de la ciudad europea del siglo XIX, y sobre la base del Passagenwerk de Walter Benjamin, pretende revivir al flaneur en la cuadrícula urbana de Ildefonso Cerdà. Este modelo ha conservado su validez en la medida en que aún disponemos de ciudades con esa forma. De hecho, nos gustan porque nos siguen ofreciendo una orientación familiar. Se trata del espacio urbano del ciudadano, que desempeña conscientemente su papel en la sociedad, integrado en la red social del poder. La vieja ciudad europea ha demostrado su valor, y es asombroso que siga siendo lo bastante sólida para integrar también las nuevas herramientas tecnológicas y de comunicaciones masivas. Hace veinte años, la película de ciencia ficción Blade Runner demostró de un modo impactante y revolucionario que esas viejas estructuras urbanas son concebibles también en el futuro. Sin embargo, ese modelo tiende ostensiblemente a negar la realidad contemporánea, ya que el aluvión de la aglomeración social y espacial de una ciudad, la saturación y el exceso del paisaje urbano de la periferia queda oculto aquí. El desarrollo americano de ese modelo histórico de espacio urbano llevó a la vida de pueblo en el barrio y acabó en el Nuevo Urbanismo de las clases medias, adictas a la armonía, que construyeron las antiguas fachadas familiares como fortalezas contra el flujo de marginados. Es lógico que el contramodelo de ciudad europea haya reclamado su espacio. Se trata del modelo de la expansión urbana descontrolada de Europa, ofensivamente refutado por la nueva realidad urbana. Se basa en el hecho de que, en la actualidad, la mayoría de europeos ya no vive en las antiguas ciudades, sino que su vida cotidiana transcurre en las nuevas aglomeraciones. Allí, donde se mezclan desordenadamente gasolineras y centros comerciales, granjas agrícolas y vertederos, polígonos industriales y áreas residenciales. Donde ya no pueden percibirse ni nombrarse formas urbanas, sino que tienen que identificarse, reevaluarse y definirse. Por ese motivo, la cuestión central para el desarrollo urbanístico de Europa estriba en cómo superar esa división aparentemente irreconciliable entre la ideología de lo viejo y la realidad de la nueva ciudad. En la actualidad resulta inútil mantener el viejo sueño de la ciudad compacta con su fuerte contorno -el borde de la ciudad- rodeado de campo. Sería igualmente falso renunciar a los valores de la vieja ciudad en favor de un entusiasmo artificialmente sentimental por la periferia. Antes, pues, de que nos invada la parálisis entre sueño y realidad, tenemos que encontrar una perspectiva productiva entre el viejo y el nuevo modelo de ciudad europea. Esta es la vía que SocióPolis persigue de un modo tan radical como único. Incluso el punto de partida para el programa, encontrar nuevas formas de vivienda y nuevos modos de vida para los grupos sociales marginales de hoy, aborda una cuestión sustancial. La rápida y compleja evolución sociológica de la sociedad europea hasta la fecha -envejecimiento, nuevos grupos marginalizados, emigración y diversificación social- sólo se ha analizado en función de criterios económicos y sociales. Los efectos de esas tendencias en la estructura urbana han permanecido en gran medida sin identificar ni definir espacialmente. La política urbana de vivienda social sigue todavía orientada según las necesidades de la clase media. El enfoque socialmente integrador de SocióPolis es nuevo, está muy conectado con la arquitectura socialmente comprometida e incluso experimental. Se está desarrollando la imagen de una ciudad con la última tecnología de construcción, que integra la tecnología de la información contemporánea y sitúa las viejas prioridades de mezcla e integración funcional en un nuevo contexto. SocióPolis ha logrado un avance urbanístico decisivo, aunque como defensores del "paisaje urbano" -un término que se ha situado cada vez más en primer plano del debate en los últimos tiempos. El enfoque inicial consistió en mirar la ciudad más como un modelo integrador del sector público y el privado, y la clave consistía también en conectar espacio urbano y espacio natural. Cuando la propia ciudad es vista subsiguientemente como paisaje, entonces sólo hay que dar un pequeño paso más para integrar las cualidades del campo, de las tierras agrícolas y también de la propia ciudad. Las viejas murallas de las ciudades, que ejercían una auténtica restricción al crecimiento, cayeron en el siglo XIX. Sin embargo, el apego emocional a aquellos límites urbanos entre la ciudad y el campo, lo que llamaban "el extremo de la ciudad", persistía. La ciudad se consideraba lo opuesto al campo. Las diferencias desaparecieron gradualmente con el excedente de población de la nueva ciudad en aglomeraciones heterogéneas. Ha llegado el momento de responder a esta cuestión ofensivamente, y no ver la ciudad sólo como paisaje metafórico, sino adoptar además concretamente la agricultura en la estructura urbana. La nueva ciudad europea, plantea SocióPolis, debe asumir la nueva responsabilidad social de una sociedad que se deteriora en grupos marginales, y ofrecer nuevas formas de vivienda. La nueva ciudad europea debe permitir la integración del campo llevándolo hacia el paisaje urbano, incluso permitiendo que la agricultura entre en el tejido urbano. Dispone de nueva tecnología para hacerlo y esa tecnología debe conducir a una expresión sociocultural de la manifestación arquitectónica. Por primera vez en el nuevo milenio, el proyecto SocióPolis está diseñando una visión realmente integradora e híbrida de la nueva ciudad europea para el futuro. SocióPolis empieza a establecer nuevos estándares y a realizar un sueño de equilibrio social, en el que todo el mundo tendría potencialmente las mismas oportunidades, el sueño de eliminar todas las fronteras entre la ciudad y el campo, propiciando el cultivo agrícola dentro de los límites de la ciudad. El proyecto SocióPolis utiliza tecnología completamente nueva y ha implicado a algunos de los arquitectos más interesantes y de mayor talento del mundo para que ofrezcan su aportación. |